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viernes, 13 de diciembre de 2013

Hallazgo e intervenciones previas (III)

Los hallazgos arqueológicos, tanto en el casco urbano como en el término municipal, ofrecen interesantes perspectivas para el estudio del período romano y complementan el contexto del edificio. Durante el transcurso de las obras de alcantarillado en varias calles, en el denominado Cerro de las Paleras (actualmente en excavación) y en el mismo Cerro del Castillo (donde se ubican las Termas), se recuperaron abundantes muestras cerámicas de época romana.

Hay que hacer mención especial a la excavación que se realizó en 1991 en los solares nº 9 y 5-7 de la calle Corredera (entrada de las termas da a dicha calle). Debido a que se trataba de un solar privado se realizó una intervención de urgencia cuyo objetivo era realizar una simple prospección para poder determinar la correcta cronología del yacimiento. Cuyos resultados fueron de gran interés arqueológico ya que se documentaron una serie de estructuras y restos cerámicos de los siglos I-II d.C., interpretadas como un área de servicio en función del complejo termal (que coinciden con su proximidad).

Gracias a los materiales cerámicos de superficie, se deduce que la ocupación del lugar en época romana se remontan a una ocupación que abarca los siglos I-IV d.C.

Hallazgo e intervenciones previas (II)

En 1983 se consiguió el reconocimiento de interés de los restos arqueológicos con la declaración de Monumento Histórico-Artístico de carácter nacional. A continuación en 1986, se realizaron las primeras actuaciones de restauración y posteriormente ya en 1989 los primeros planteamientos de estudio, excavación y restauración, tras las transferencias de cultura a la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia.

En 1993 se realizó un análisis de las aguas que mostró una temperatura entre 26 y 45º C, además que muestra unas aguas de salinidad elevada con facies clorurada-sulfatada cálcico-magnésica, manteniendo la mayor parte de los elementos físico-químicos de las aguas de los manantiales antiguos; indicadas para los principales diagnósticos de reumatismo y artrosis, junto a diversas afecciones óseas. Una vez utilizada en los Baños, el agua se destinaba para el riego. Diferentes son las aguas del manantial de la Atalaya, que con una temperatura de 19 º C corresponden a las llamadas Aguas Frías, con una composición incluida dentro de las sulfurado-sódicas.

En cuanto a las propiedades curativas de las aguas, se sabe que las aguas calientes son relajantes, sedantes y combaten la fatiga muscular. En 1764, Gómez de Bedoya aconsejaba el uso de las aguas curativas de Alhama para casos médicos de parálisis histéricas, paraplejías y otras parálisis centrales, en artritis y neuralgias diversas, tumores, sarnas, herpes, etc. indicaciones que posteriormente fueron confirmadas por otros médicos.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Hallazgo e intervenciones previas (I)

Los baños de Alhama han contado con diversas etapas de ocupación a lo largo de los siglos. A modo de resumen: construcción por los romanos, usados por los árabes y en el siglo XIX edificación de un hotel-balneario.

Las primeras referencias a ellos son del geógrafo e historiador Al-Idrisi en el siglo XII, pues hasta entonces se habían mencionado en diversos textos, pero de dudosa veracidad. También son objeto de referencia por Al-Qazwini en el siglo XIII. Posteriormente en el año 1494, aparecen nombrados en las crónicas de un viajero alemán, Jerónimo Müzer.

Aunque las primeras noticias conocidas sobre el origen romano de los restos arqueológicos existentes en los Baños Termales de Alhama, se dan ya a finales del siglo XVIII, concretamente en el año 1794 a manos del canónigo Lozano. Junto a él y haciendo referencia a la toponimia del lugar, son indicativas las citas de Miñano y Cean Bermúdez a la voz latina "Aquae", que en su acepción de termas, la identifican con Alhama de Murcia.